20 jun. 2016

EDITORIAL ALREVÉS, Marcapáginas

CAMINO A LA ESCUELA
Viven en medio del desierto, en lo más profundo de la tundra, en un pueblo perdido en la sabana o en la remota ladera de una montaña. 
Sus padres no tienen dinero y les necesitan para trabajar en las labores de la casa. Por si fuera poco, el camino que lleva a la escuela es largo y peligroso. 

Camino a la escuelaY sin embargo, hay miles de niños en todo el mundo que todos los días recorren decenas de kilómetros para poder asistir a clase, y lo hacen a pesar de las adversidades, de las inclemencias del tiempo o de una geografía desalentadora, pero con un único objetivo en mente: el futuro. «Quiero ser médico y ayudar a caminar a los niños como yo», dice Samuel desde India. «Cuando sea mayor quiero vivir donde he nacido», asegura Carlitos en Argentina. «Es necesario que todas las niñas como yo que viven en los pueblos aislados puedan seguir yendo al colegio y hacer realidad sus sueños», dice Zahira, en Marruecos. 

Por su determinación, por su coraje y su voluntad para construirse una nueva vida, estos pequeños héroes de entre diez y trece años son algo más que extraordinarios.

EL último lo tenemos también en catalán, su reverso anuncia el documental  que se hizo de este libro y el marcapáginas servía como 2x1 en las entradas al cine. 
EL GRAN DÍA
Un solo día puede cambiar toda una vida. Cuatro niños lo van a descubrir. Su futuro está en juego. La cuenta atrás ha comenzado... ¡Cuatro destinos excepcionales! La novela del film El Gran Día, de Pascal Plisson, director de Camino a la escuela.
El gran día
De este libro sólo tenemos estos dos.

El libro Camino a la escuela, me ha echo recordar mi infancia, nosotros vivíamos en un pueblo pero para ir a la escuela cada día teníamos que hacer 2 km. desde casa a la escuela, lloviera, nevara, hiciera viento, etc... además con mis 3 hermanos, una un año y medio mayor que yo, pero los otros dos menores, esto lo estuve haciendo entre los 7 y los 11 años. Teníamos que cruzar varias veces la carretera con el peligro que esto conlleva, suerte que por aquel entonces (hace más de 40 años) no circulaban tantos coches. Este recorrido lo hacíamos 4 veces al día ya que no nos podíamos permitir quedarnos al comedor del colegio. Tampoco existía el transporte escolar, y de haber existido mis padres no se lo habrían podido permitir. Tampoco tenían coche para llevarnos. Por suerte hoy en día todo ha cambiado, aunque creo que nos hemos vuelto demasiado cómodos y vamos en coche hasta la mismísima puerta si es posible...

1 comentario:

Justa dijo...

¡Cuánta razón tienes, Montse!
Cuando era pequeña, yo tenía relativamente cerca el colegio, pero pasaba tanto frío (solamente la maestra tenía una pequeña estufa para ella en un aula cuatro veces las de ahora), que me dolían hasta los dedos. Nos quejamos, pero para atrás ni para coger impulso...

Abrazos.

Justa